La Luna de Spalding

Un extracto del libro Esforzarse en uno mismo no Funciona, Tres Simples Ideas que pue den Instantáneamente Transformar Su Vida por Ariel y Shya Kane, recuento de Ariel

La Luna de Spalding

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woydw-medYo tenía cuatro anos cuando mi padre creó la luna. Era tarde y estábamos jugando a cachar pelota. El tren de las siete y veinte había llegado a Far Rocakway en esa tarde de Agosto y el Sr. Traiger le había dado un aventón a mi papa desde la estación. Yo esperaba en el jardín, con el pasto haciéndome cosquillas en mis pies descalzos y en mi mano una pequeña pelota Spalding de goma rosa.

“Papi, papi,” grité antes de que el tuviera tiempo siquiera de respirar, “¡juega a cachar la pelota conmigo! ¡Por favor! Por favor” le rogaba.

Mi padre tenía cara de ángel. Se arrugaba con placer, el peso del día se desvanecía de sus hombros mientras el dejaba su periódico en el escalón.

“Bien, Shya, dame la pelota y correle para acá”

Yo le di la pelota, un abrazo alrededor de la cintura y corrí a la orilla del pasto. El me lanzó varias, yo no agarré casi ninguna pero mi entusiasmo brillaba como las estrellas que empezaban a salir en el azul de la noche. El sol se ponía y su luz se extinguía, y luego como mi Papa era mi héroe y era capaz de todo, el produjo un milagro. El lanzó la pelota rosa de goma muy alto en l cielo y así fue como el hizo la luna de Spalding. Yo perdí vista de la pelota mientras era lanzada hacia el cielo y frenéticamente yo la buscaba para tratar de cacharla. Fue entonces cuando vi una inmensa luna arriba de mí. Yo estaba hipnotizado. Después de que mi padre se metió a la casa, yo me senté en el escalón y me quedé mirando lo que el había creado.

Yo creía con todo mi corazón que mi padre había hecho la luna. Fue años después cuando me desengañaron. A veces veo mi vida y sacudo mi cabeza cuando me doy cuenta de que existen las historias y luego lo que es obvio. Cuando yo era niño yo me decía a mi mismo cosas que parecían verdad en ese entonces, obviamente ahora desde la perspectiva de adulto, no lo eran.

Por ejemplo, cuando yo estaba mas grande, 8 o 9 por quizás, yo pasaba muchas tardes aburrido en la fabrica de mi Papa en el barrio de telas y moda. Yo hacia grandes circuitos alrededor de las mesas de corte, arrastrando mi dedo y buscando cosas para ocuparme. El cortador en ese entonces, era William Salereno y el cortaba el material para ser cosido en los finos vestidos.

William tenía un cajón mágico debajo de las mesas de cortado lleno de cosas sueltas, limpiadores de pipas, clips, estampillas postales, y centavos. El también tenia cajas y cajas de palillos de madera, y como quería yo tener esos palillos. Yo soñaba con todas las cosas que yo podía hacer con esas astillas de madera – casas y trenes y carros de carreras. Yo le rogaba y lo convencí para que me diera una de las preciosas cajas. Empecé a trabajar con un recipiente de pegamento blanco, con esperanzas de crear el automóvil en mi mente. Fue un tremendo fracaso, lleno de bultos y deforme, no tenia nada que ver con mi intención.

Y ahí estaba, mi prueba que empezó una buena historia. Yo era “torpe, nada hábil con mis manos, incapaz de construir algo de valor.” Completamente derrotado lo aventé todo y me senté pateando los peldaños de la silla, esperando que la larga, larga tarde terminara.

Hoy en día, todavía cargo esa historia. Soy torpe, nada hábil con mis manos y de acuerdo con esa historia, no he hecho nada de valor en mi vida. Aun cuando en mi comedor, tengo una mesa de nogal negro que yo construí. Esa madera fue aserrada con amor y su forma conserva la “viva” corteza intacta. El grano es tan fino así como la habilidad del artesano. La mesa será igualmente preciosa mucho después de que mis nietos hayan crecido. Yo no soy muy bueno al amarrar las moscas para pesca. Y sin embargo, soy un apasionado al amarrarlas para mi esposa Ariel, quien ha pescado todos sus peces de record mundial con mis moscas. Y si, con esas “torpes manos buenas para nada” ella ha encontrado placer en ellas por más de 25 años.

Si, tengo mis historias y luego existe lo obvio, la realidad existe si uno se toma el tiempo para verla. Todos nos hemos dicho grandes y pequeñas mentiras desde que éramos niños. Al dejarlas sin examinar, estas van desde las dulces y de las que uno se ríe, hasta las cáusticas y rancias, capaces de convertir este momento en algo bien desagradable.

Por suerte, nuestras historias son solo telarañas. Un soplo de viento, se las lleva. Con la luz de la conciencia, el simple darse cuenta de una historia vieja sin juzgarla, le permite a la verdad revelarse y talvez Usted todavía poseerá la historia, pero la historia no lo poseerá a Usted.

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