La Bolsa de la Abuela

por Ariel – Milford, New Jersey
Being Here...Too

La Bolsa de la Abuela

“La Bolsa de la Abuela” es un extracto del libro Being Here…Too: Short Stories of Modern Day Enlightenment

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Yo crecí en Gresham, Oregon, que en ese momento era una comunidad agrícola en lugar soñoliento donde los niños recogían moras silvestres como un trabajo de verano y visitaban la farmacia Rexall para comer helados con el dinero que ganaban. Nuestra casa era de dos pisos, una estructura blanca al borde del bosque con un garaje independiente y una pequeña casa de muñecas que era perfecta para mis hermanas y para mí.

En el último piso de nuestra casa, afuera del cuarto de mi hermana de mi Cathy, bajo el tejado había un ático donde mis padres almacenaban decoraciones de Navidad, el equipaje y las cosas que estaban fuera de temporada. Uno de los tesoros que se guardaban en el ático era el bolso de mi abuela. La abuela, la mama de mi madre, había muerto mucho antes de que yo naciera. Ila May Powell nació en 1906 y vivió gran parte de su vida cerca de Portland, Oregon hasta su muerte en 1957. Ella había conocido a mi abuelo, Larry Halif Cermack, y después de que se fugaron juntos eventualmente tuvo 8 niños – mi mamá es la más grande.

Un día, cuando yo era joven, recuerdo que mis hermanas y yo estábamos jugando en el ático y nos encontramos con la bolsa de la abuela. Era negra con una sola correa y tenía un sencillo broche de oro en la parte superior. Nos la llevamos a la habitación de Cathy, y subidas en su cama, sentadas con las piernas cruzadas, retiramos con cuidado el contenido pieza por pieza. Dentro había un peine, una aguja de crochet, un pañuelo blanco limpio con el encaje que había hecho ella misma, un monedero con algunas monedas, un lápiz y una pequeña, lista de compras, escrita a mano: mantequilla, huevos, café, leche.

Cautelosamente, tomamos la lista y nos maravillamos de la escritura misma. Fue increíble ver algo que la abuela había tenido en la mano y que ella había escrito de puño y letra. Todos estos años y aun recuerdo esa lista. Y también recordé otra cosa: la abuela tenía cosas por hacer en el día que ella había muerto. Siempre me ha movido el corazon ese hecho en formas que son difíciles de describir. Ella tuvo una vida plena. Ella hizo muchas cosas. Y sin embargo, al parecer, había dejado cosas por hacer. El hecho de que ella no complete esa lista cosas por hacer no hacen su vida incompleta, ni tampoco ella falló de ninguna manera. De alguna forma, el hecho de que ella todavía tenía una lista de compras en el día que en que murió me ha permitido relajarme sobre el deseo de querer terminar las cosas ya de una vez.

Es tan fácil durante nuestras vidas, presionar para conseguir hacerlo todo. La mayoría de las personas se sienten presionadas para completar todo lo que tienen en su lista al final del día. Muchos sienten que han fracasado si hay tareas que aún no se ha logrado todavía, metas por alcanzar. Pero para mí, me he dado cuenta de que no importa mi edad, mi salud, no importa cuáles sean mis circunstancias, estoy probable que siempre tanga una lista. Es un componente de estar vivo. Así que al final de cada día, puedo poner a mi lista a un lado y me dejarme ser. Si estoy tomando un día libre o ir de vacaciones, puedo dejar de lado esa lista, porque será allí seguirá cuando vuelva. “Terminar” algo, completar algo de mi lista de “tareas pendientes” y cruzando la línea de meta no es un destino final. Tener una lista de proyectos y “cosas por hacer” es simplemente parte de vivir la vida.

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