Ariel en la encrucijada

Un pasaje del libro Como Tener una Pareja Hecha en el Cielo: Un enfoque de Transformación para Citas, Relaciones Románticas y Matrimonio por Ariel y Shya Kane

Ariel en la encrucijada

Era un viernes por la tarde y Shya y yo manejábamos hacia la ciudad de Nueva York para empezar uno de nuestros cursos de fin de semana de Transformación. Como es nuestra costumbre, nos dimos bastante tiempo de viaje en caso de que el tráfico estuviera pesado. Pero en este día en particular había un accidente en el camino y el recorrido tomó mucho más que lo usual.

Originalmente nuestra intención era llegar al hotel, registrarnos y luego ir al lugar donde damos los cursos, estacionar el auto cerca y tomar una cena rápida antes del curso. Pero mientras manejábamos por el Túnel Lincoln, que va bajo el Río Hudson y corre entre Nueva Jersey y Nueva York, se hizo mucho más tarde de lo que habíamos anticipado. Y era momento de revaluar nuestros planes.

Shya era de la opinión de que podríamos hacerlo todo. Yo pensaba que era mas seguro no ir al hotel y registrarnos después del curso. El único problema con mi idea era que cuando nos hemos registrado tarde en otras ocasiones, es común que los cuartos que quedan son ruidosos y cerca de las maquinas de hielo o de el elevador. Hubo una ocasión en que el hotel estaba sobrevendido y no había cuartos cuando llegamos. Y nos mandaron a otro hotel, lo cual hizo que se hiciera muy tarde. Aún así, yo estaba preocupada por el tráfico. Cruzar Manhattan en viernes puede ser un proceso muy lento. Sabemos esto por experiencia, y yo pensaba que era más seguro ir al estacionamiento cerca del curso. De hecho, yo estaba casi segura que esa era lo mejor. Mientras llegamos al final del túnel, llegamos a un punto decisivo–literal y figurativamente. Si queríamos ir al lugar de los cursos, necesitábamos dar vuelta a la derecha y si íbamos al hotel primero, teníamos que dar vuelta a la izquierda. Yo estaba preocupada con la hora y vote por ir hacia la dirección de los cursos cuando Shya me dijo otra vez, “Ariel, podemos hacerlo todo. Vamos al hotel.”

“Está bien,” dije yo.

En ese momento me di cuenta que yo también estaba en mi propia encrucijada. Era fácil seguir el plan de Shya, pero en privado, calladamente y en secreto aferrarme a mi idea. Reconocí mientras dábamos la vuelta a la izquierda hacia el hotel, que era casi natural observar como el plan de Shya fallaría. Yo pude haber clandestinamente mirar hacia la derecha. Si llegábamos a una calle donde había cola de tráfico o si no llegábamos a un semáforo, mi idea original seria superior a la de el. Si no me rendía en verdad al punto de vista de Shya, yo mentalmente estaría echándole porras a las demoras para probar que mi punto de vista era el correcto. Shya tendría que perder para que yo ganase. Pero yo también perdería porque llegaríamos tarde al curso, si yo tenía la razón. Entonces prendí la forma de ser “viva” yendo en la misma dirección que nuestro auto en vez de viajar mentalmente en contra de el. Esto significaba que si por cualquier razón no teníamos tiempo para cenar antes de empezar el curso, este hubiera sido mi plan, mi idea, sin victimizarme por las circunstancias.

Así que me entregué como si ir al hotel primero fuera mi idea, y que esta era una buena elección, y me di cuenta como todo se lleno con un sentido de calma. Yo pude disfrutar del camino, puse mi mano sobre la pierna de Shya y sentí su calor a través de sus pantalones. Vi a la gente apresurarse a llegar a sus destinos. Pude ver como se abrían carriles desde mi asiento de pasajero que no podían ser vistos desde el asiento del piloto y actué como copiloto, haciendo equipo con Shya para llegar a nuestra meta. Sentí mi cara y mis hombros relajarse. Instantáneamente estaba en sincronía con Shya, con el tráfico, con el ambiente y por supuesto, con mi vida.

Fue un evento simple, pero profundo. Yo pude ver el proceso de inculcamiento, en donde aprendemos a pelear o a rendirnos, pero nunca a hacer equipo. Ambas cosas, pelear o rendirse, son querer tener la razón. Si yo de corazón no elegía lo que estaba haciendo (ir al hotel primero), entonces sería una víctima de mi vida en general y de Shya, específicamente.

Shya y yo somos muy prácticos en entregarnos el uno al otro. Cuando uno de nosotros tiene una fuerte opinión a favor (o en contra) de algo, el otro generalmente difiere como si fuera el creador de la acción, no el seguidor. Y, aun cuando este ha sido nuestro estilo de funcionamiento, por muchos años, nunca antes había visto tan clara la elección, la encrucijada, en donde un camino lleva hacia la tensión y otro hacia a intimidad.

Por cierto, Shya estaba en lo correcto. O tal vez, es mas preciso decir que los dos estábamos en lo correcto. Tuvimos suficiente tiempo para ir al hotel primero y hacer todo. Nos registramos, nos dieron un cuarto muy lindo, manejamos hacia el curso, disfrutamos de un bocadillo y llegamos al curso relajados y refrescados. Todo lo que tomó fue tomar el camino “vivo” en vez de el camino de tener la razón. ¿Y que casualidad? Si hubiéramos adivinado incorrectamente y no hubiéramos tenido tiempo de cenar, hubiéramos disfrutado estar con hambre y cenar después del curso.

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